¿Alguna vez han trabajado con equipos técnicamente brillantes, pero donde los mayores desafíos no están en la complejidad del sistema, sino en la forma en que las personas se comunican, cuestionan o colaboran?
Es una situación más común de lo que parece. En el día a día, estas brechas suelen pasar desapercibidas. Sin embargo, con el tiempo, terminan reflejándose en retrasos, decisiones frágiles, deuda técnica evitable o incluso en pérdidas de confianza entre equipos.
En roles como el de QE, entender las habilidades de un Quality Engineer va mucho más allá del dominio técnico. No basta con dominar herramientas, frameworks o metodologías. La diferencia real radica en la capacidad de hacer preguntas incómodas pero necesarias, de comunicar riesgos con claridad y de mantener el criterio incluso bajo presión.
En la práctica, la calidad no empieza en las herramientas. Empieza mucho antes, en la forma en que pensamos y tomamos decisiones.
Las habilidades de un Quality Engineer no se imponen, se construyen
El aprendizaje genuino no ocurre por obligación. Ocurre cuando nace de la motivación personal y del reconocimiento honesto porque hay algo que mejorar. Existe una idea implícita en muchas organizaciones: que las habilidades humanas pueden desarrollarse simplemente mediante capacitación formal, pero la realidad es más compleja.
Las habilidades de un Quality Engineer no se limitan a herramientas o metodologías. Desarrollar pensamiento crítico, criterio profesional o habilidades de comunicación no es algo que se “instala”, es algo que se construye lentamente, a través de la experiencia, la reflexión y la práctica consciente.
En el ritmo acelerado de la tecnología, donde la presión por entregar es constante, encontrar espacio para ese crecimiento no es fácil; sin embargo, es precisamente ese proceso el que define la evolución real de un profesional.
Como lo han explicado investigadores como David Kolb y K. Anders Ericsson, el aprendizaje más profundo ocurre cuando la experiencia se combina con reflexión y propósito. No es repetir por repetir lo que realmente transforma, sino la práctica consciente, con reflexión y propósito.
El reto para las áreas de Talento Humano y las organizaciones
La forma en que aprendemos es individual y diversa. Cada profesional tiene motivaciones, inseguridades, fortalezas y ritmos propios.
Por eso, uno de los grandes retos para las áreas de formación y Talento Humano es convertirse en un apoyo verdaderamente estratégico. No solo como facilitadores de capacitación, sino como habilitadores del crecimiento profesional.
Esto implica acompañar el desarrollo de habilidades de carácter en perfiles tecnológicos que hoy son fundamentales para la evolución del negocio, la innovación y la construcción colectiva de soluciones.
Muchas organizaciones han invertido en iniciativas de formación y en procesos de reclutamiento más sofisticados. Aun así, sigue siendo difícil encontrar profesionales que lleguen con estas habilidades plenamente desarrolladas. Y es aún más difícil desarrollarlas cuando la operación diaria consume toda la atención.
Aquí es donde el rol de Talento Humano se vuelve realmente transformador; no como un área que entrena, sino como un área que crea las condiciones para que el crecimiento se desarrolle.
El perfil de Quality Engineer: más allá de ejecutar pruebas
Durante años, el rol del QE fue percibido como una función principalmente operativa. Hoy, esa visión ha quedado atrás. Cuando analizamos las habilidades de un Quality Engineer, vemos que un QE sólido no es solo un ejecutor de pruebas, es un agente de riesgo, calidad y valor para el negocio y su aporte comienza desde la mentalidad.
Desde la mentalidad y la postura profesional, el QE debe contar con pensamiento crítico estructurado y cuestionar requisitos, decisiones técnicas y supuestos sin confrontar. Esta capacidad es clave para el análisis del ciclo completo de pruebas, especialmente en contextos de seguridad, resiliencia, performance y automatización.
A esto se suma la necesidad de una mentalidad basada en la estrategia de negocio, que le permita comprender la arquitectura, los flujos end-to-end, las dependencias y los efectos colaterales, habilitando un análisis efectivo de incidentes, shift-right y observabilidad.
Quality Engineer como puente entre lo técnico y el negocio
El QE debe ser capaz de comunicar de forma clara tanto en lo técnico como en lo funcional, traduciendo riesgos técnicos en impacto de negocio para product owners, líderes y stakeholders no técnicos. Requiere capacidad de argumentación para defender criterios de calidad, decisiones de automatización o incluso el bloqueo de un release, siempre sustentado en datos y no en opiniones.
Y en un contexto donde la complejidad técnica sigue creciendo, la diferencia entre un QE operativo y un QE estratégico no está solo en lo que sabe ejecutar, sino en cómo piensa, comunica y gestiona el riesgo.
La pregunta que las organizaciones deben hacerse
Actualmente, en las industrias, la complejidad técnica crece constantemente y la calidad ya no depende únicamente de herramientas o procesos. Depende, cada vez más, de las personas.
Esto abre una pregunta incómoda, pero necesaria: ¿Estamos creando espacios reales para que los QE desarrollen habilidades de pensamiento crítico, comunicación y criterio profesional? o ¿Seguimos esperando que estas habilidades aparezcan por sí solas?
La calidad no nace en los sistemas. Nace en la forma en que las personas piensan, cuestionan y deciden. Y ahí es donde comienza todo.
La calidad como decisión organizacional
Si las habilidades de un Quality Engineer no se instalan ni aparecen solas, entonces el entorno donde se espera que surjan tiene que ser diseñado. Y eso no puede ser un esfuerzo aislado de un área u otra.
En la práctica, implica que talento humano, liderazgo y operación trabajen de forma articulada para crear condiciones reales donde la calidad pueda sostenerse y evolucionar. Porque la cultura, en realidad, no es un discurso ni un conjunto de valores escritos en una pared.
Es lo que sucede todos los días.
Es lo que se cuestiona.
Es lo que se refuerza.
Y es la forma en que las personas aprenden y toman decisiones.
He visto que, sin una cultura de aprendizaje respaldada activamente desde el liderazgo y desde las conversaciones cotidianas, ninguna habilidad logra mantenerse en el tiempo ni generar impacto real.
Desde mi experiencia en SQA, entendimos que seleccionar y formar perfiles QE no podía limitarse a evaluar herramientas o frameworks. Tenía que ser una mirada 360, totalmente integral: técnica, humana, estratégica y cultural.
Pero, aún más importante, implicaba crear un ecosistema donde ese aprendizaje se aplique en los proyectos, se ponga a prueba y se ajuste continuamente. Porque cuando estas habilidades no se viven en la operación, no se consolidan; y sin esa consolidación, no hay impacto sostenible ni en el cliente, ni en la eficiencia, ni en los resultados.
Al final, lo que hoy funciona mañana puede quedar obsoleto, la calidad no es un estado al que se llega, es una capacidad que se diseña, se practica y se renueva todos los días.

Por: Tatiana Parra
Coordinadora de Talento Humano